Las cifras más recientes del comportamiento del empleo, divulgadas por el Dane la semana pasada, revelaron la pérdida de 319.000 puestos de trabajo desde octubre del año pasado. Aunque la tasa de desempleo mantuvo su nivel de 10,9 por ciento, la realidad es que la crisis económica, reflejada en otros indicadores como las proyecciones del PIB, ya muestra sus efectos en el área laboral. A pesar de que es la tasa mensual más baja del año, las sombrías perspectivas del 2009 agravan los pronósticos.
Una economía en desaceleración no sólo deja de generar los nuevos puestos de trabajo que demanda cada año el mercado laboral, sino también empieza a destruirlos. Mientras que otros efectos de la situación económica se reflejan en los balances de las empresas o en las cuentas nacionales, el desempleo golpea los hogares, afecta su consumo y crea desesperanza.
A pesar del impacto mediático que ha tenido la emergencia del desplome de las 'pirámides', con sus manifestaciones públicas y capturas, un crecimiento desbordado del desempleo durante el 2009 configuraría un peor escenario para cientos de miles de hogares.
Es momento de que el Gobierno saque tiempo de su concentración en las 'pirámides' para ser más específico en sus planes a corto plazo de respuesta a la crisis económica, y que incluya en estos un importante componente de estímulo al empleo.
La inversión en grandes obras de infraestructura ofrece una oportunidad tanto de generar puestos de trabajo como de reactivar un sector en el que la gestión del Gobierno ha recibido críticas. Unos 10 billones de pesos serían destinados a vías, puertos, transporte urbano y telecomunicaciones; los cuales, bien coordinados en su ejecución, podrán constituir una excelente fuente de empleo. Sin embargo, el reto del Gobierno está precisamente en la ejecución de estos recursos, sin demoras ni continuos aplazamientos.
No obstante, esta inyección pública de recursos no alcanzará para evitar el coletazo de la crisis del empleo. Un aumento desbordado del salario mínimo reducirá el empleo, pero su disminución -como lo propuso recientemente un ex ministro de Hacienda- tampoco parece la salida adecuada en tiempos duros.
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